Patricio Uribe Martinez Random Access Memory

My friend robot


Creo que no es sano reemplazar todo el trabajo humano con IA. No por nostalgia ni por desconfianza a la tecnología, sino por algo más simple: las respuestas son tan inteligentes como las preguntas que las originaron.

Es fácil pedirle a un modelo que nos dé un plan, un análisis, una estrategia. Es mucho más raro que nos detengamos a construir bien la pregunta antes de lanzarla. Y cuando la pregunta llega floja, ambigua, sin objetivo, la respuesta —por más elocuente que suene— hereda exactamente esa ambigüedad, solo que ahora viene envuelta en un párrafo bien escrito que se siente más autorizado de lo que en realidad es.

Para llegar a un resultado valioso, seguimos necesitando un método de trabajo específico, medible, asequible, realista y aterrizado en tiempos. Eso no lo inventó la IA y tampoco lo puede sustituir. Es la disciplina de siempre: saber qué estás buscando, cómo vas a medir si lo encontraste, y en qué plazo. Sin eso, un modelo de lenguaje no comete errores por sí solo; simplemente amplifica con mucha confianza la falta de claridad que le entregamos.

Mientras no seamos capaces de establecer objetivos, expectativas y argumentos claros con nuestras contrapartes —humanas o de silicio— ¿cómo podemos esperar que nuestros "amiguitos robots" no alucinen? Al final, lo que estamos pidiéndoles es que imiten un proceso humano de razonamiento. Y ese proceso humano es, por naturaleza, imperfecto y perfeccionable: dudamos, corregimos, volvemos a preguntar. Pedirle a la IA que sea mejor que eso sin darle el mismo cuidado que le daríamos a una persona es pedirle magia, no inteligencia.

La conclusión no es dejar de usar estas herramientas. Es dejar de tratarlas como un atajo para no pensar el problema nosotros mismos. El método sigue siendo nuestro. La IA solo ejecuta tan bien como nosotros hayamos pensado antes de preguntar.

Publicar un comentario

0 Comentarios