Ayer España venció a Argentina 1-0 en la final del Mundial 2026, con un gol de Ferran Torres ya en tiempo extra. No voy a hablar mucho de fútbol —hay miles de columnas mejor informadas que la mía haciendo eso hoy—. Lo que me dejó pensando fue otra cosa: fue el séptimo Mundial narrado por Christian Martinoli.
Siete Mundiales. Empezó en Corea-Japón 2002 y no ha parado desde entonces: Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022 y ahora este, jugado en parte en su propia casa. Son 24 años de carrera contados en periodos de cuatro, la unidad de tiempo más rara que existe: casi nadie mide su vida en Mundiales, pero quien lo hace, se topa con algo curioso. Cuatro años, vistos de frente, se sienten como una eternidad angustiante —piénsalo la próxima vez que estés esperando algo con ansiedad—. Pero vistos hacia atrás, en retrospectiva, se comprimen hasta casi desaparecer. Siete de esos bloques desaparecidos suman casi un cuarto de siglo, y uno los recuerda como si fueran cuatro o cinco portadas de revista.
A mí me pasó lo mismo, nada más que con otro cronómetro. Empecé a usar "patricioumtz" —el mismo nombre que sigue siendo la dirección de este blog— cuando entré a trabajar a Microsoft, en 2003. Eso fueron también, hasta hoy, 23 años dedicados casi ininterrumpidamente al marketing digital. Un año antes Martinoli debutaba narrando su primer Mundial, y prácticamente el mismo tramo de tiempo.
Y aquí está lo que de verdad quiero decir: cuando uno está adentro del oficio, nunca se siente como "23 años de carrera". Se siente como el proyecto de esta semana, el cliente de este trimestre, la campaña que hay que entregar antes del viernes. El tiempo, mientras se está viviendo, no pesa. Pesa hasta que haces el recuento hacia atrás y te das cuenta de que ese oficio que sigue sintiéndose fresco cada lunes ya tiene más de dos décadas construido, ladrillo por ladrillo, campaña por campaña, sin que lo hayas notado pasar.
Creo que ahí está el verdadero valor de hacer algo que te gusta por mucho tiempo: no se siente largo mientras ocurre. Solo se revela largo cuando te detienes a contar. Martinoli seguramente no sintió que llevaba 24 años narrando cuando gritó el gol de Ferran Torres el domingo — sintió, seguramente, la misma adrenalina de siempre, la del primer partido. Y yo tampoco siento, la mayoría de los días, que llevo 23 años en esto. Solo lo sé porque hago la cuenta. Y cuando la hago, entiendo por qué a veces se me olvida cuánto tiempo ha pasado desde que empezó todo: porque nunca dejó de sentirse como el primer día.

0 Comentarios